domingo, 3 de marzo de 2013

Psicoterapia Dialytica, Cencillo - VII

Continuación del artículo de Vicente Ortiz y Javier Sedano.


El diamante de la transferencia

Como vemos en la gráfica los efectos transferenciales se amplifican en una herramienta fundamental y adquieren incomparable prisma, en función de los diferentes flujos emocionales del proceso terapéutico.





















El efecto testigo. Se produce cuando el analista es sentido como representante de la sociedad, del "fuero externo", que compromete y toma la palabra, de modo que las verbalizaciones, las confirmaciones de las hipótesis formuladas le resultan al paciente irreversibles y efectivas, por haberlas conocido su analista. Sería la confirmación de la tesis de Sartre: "los demás nos fijan en nuestro yo". El analista encarna aquí el principio de realidad, que no puede negarse ni anularse lo que una vez ha conectado con él, que queda literalmente "realizado".
El efecto espejo. Por el efecto espejo el analista refleja, objetivándolo, lo que el paciente proyecta sobre él, emite, hace o afirma. El analista recibe los mensajes del paciente y se los devuelve especularmente, objetivados, localizables y determinables, desgajados de la masa emocional y subjetiva.
Los materiales se convierten en objetos de reflexión, interrelacionados y sistematizados, es decir, en las mejores condiciones para producir insight acerca de su significado y de los mecanismos o relaciones reales que ocultan.
El efecto pantalla. Es el efecto más típicamente transferencial y sólo se diferencia del anterior en la naturaleza de lo proyectado. En el espejo el analista objetiva y devuelve toda clase de mensajes del inconsciente. En el efecto pantalla, sólo inviste roles, inconscientemente atribuidos y proyectados por el paciente sobre él. Aquí es mayor el grado de objetivación y de relieve adquirida por lo proyectado. Se percibe al analista como portador efectivo de los roles o imágenes investidos, lo cual es más movilizador u operante.
El efecto regresión. Puede considerarse también como la consecuencia práctica, dinamizadora e inmediata, del efecto pantalla. El paciente puede revivenciar regresivamente situaciones, relaciones y emociones tempranas e infantiles, antes profundamente reprimidas, que adquieren ahora mayor movilidad, al ser drenadas por desplazamiento hacia el analista.
Las demandas, al ser frustradas, provocan regresiones cada vez más remotas, lo cual permite desreprimir y liberar cargas de energía libidinal siempre mayores y más básicas.
El efecto descarga. La objetivación proyectiva y la abreacción hacen posible una desactivación de las cargas libidinales inobjetivamente asociadas, o una distensión de su poder generador de presiones, productoras de angustia o de compulsiones. La realización, siquiera sea fantaseada, de deseos tolerados o aprobados por el analista, es el resorte de una abreacción inicial en la mayoría de los casos. La tolerancia transferencial crea un clima distendido y cálido que favorece una progresiva manifestación del fondo emocional del paciente.
Efecto despliegue. Gracias a este efecto, las presiones afectivas, angustiosas u obsesivas se distienden, la vida afectiva concreta se acepta lúcidamente, se distiende y se explaya, produciendo desahogo y aceptación de mismo. Permite contrastar la vida afectiva profunda con el "principio de realidad", medir objetivamente sus alcances y desarticular las constelaciones indebidamente depresivas o maníacamente mitificadoras de objetos. Facilita la abreacción de elementos pulsionales paralizados o incontrolada y sustitutivamente activos.


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