El diamante de la transferencia
Como vemos en la gráfica los efectos transferenciales se amplifican en una herramienta fundamental y adquieren incomparable prisma, en función de los diferentes flujos emocionales del proceso terapéutico.

El efecto testigo.
Se
produce
cuando
el
analista
es
sentido
como
representante
de
la
sociedad,
del
"fuero
externo",
que
compromete
y
toma
la
palabra,
de
modo
que
las
verbalizaciones,
las
confirmaciones
de
las
hipótesis
formuladas
le
resultan
al
paciente
irreversibles
y
efectivas,
por
haberlas
conocido
su
analista.
Sería
la
confirmación
de
la
tesis
de
Sartre:
"los
demás
nos
fijan
en
nuestro
yo".
El
analista
encarna
aquí
el
principio
de
realidad,
que
no
puede
negarse
ni
anularse
lo
que
una
vez
ha
conectado
con
él,
que
queda
literalmente
"realizado".
El efecto espejo.
Por
el
efecto
espejo
el
analista
refleja,
objetivándolo,
lo
que
el
paciente
proyecta
sobre
él,
emite,
hace
o
afirma.
El
analista
recibe
los
mensajes
del
paciente
y
se
los
devuelve
especularmente,
objetivados, localizables
y
determinables,
desgajados
de
la
masa
emocional
y
subjetiva.
Los materiales se convierten en objetos de reflexión, interrelacionados y sistematizados,
es
decir,
en
las
mejores
condiciones
para
producir
insight
acerca
de
su
significado
y
de
los
mecanismos
o
relaciones
reales
que
ocultan.
El efecto pantalla.
Es
el
efecto
más
típicamente
transferencial
y
sólo
se
diferencia
del
anterior
en
la
naturaleza
de
lo
proyectado.
En
el
espejo
el
analista
objetiva
y
devuelve
toda
clase
de
mensajes
del
inconsciente.
En
el
efecto
pantalla,
sólo
inviste
roles,
inconscientemente
atribuidos
y
proyectados
por
el
paciente
sobre
él.
Aquí
es
mayor
el
grado
de
objetivación
y
de
relieve
adquirida
por
lo
proyectado.
Se
percibe
al
analista
como
portador
efectivo
de
los
roles
o
imágenes
investidos,
lo
cual
es
más
movilizador
u
operante.
El efecto regresión.
Puede
considerarse
también
como
la
consecuencia
práctica,
dinamizadora
e
inmediata,
del
efecto
pantalla.
El
paciente
puede
revivenciar
regresivamente
situaciones,
relaciones
y
emociones
tempranas
e
infantiles,
antes
profundamente
reprimidas,
que
adquieren
ahora
mayor
movilidad,
al
ser
drenadas
por
desplazamiento
hacia
el
analista.
Las demandas, al ser frustradas, provocan regresiones cada vez más remotas, lo cual permite desreprimir y liberar cargas de energía libidinal siempre mayores y más básicas.
El efecto descarga.
La
objetivación
proyectiva
y
la
abreacción
hacen
posible
una
desactivación
de
las
cargas
libidinales
inobjetivamente
asociadas,
o
una
distensión
de
su
poder
generador
de
presiones,
productoras
de
angustia
o
de
compulsiones.
La
realización,
siquiera
sea
fantaseada,
de
deseos
tolerados
o
aprobados
por
el
analista,
es
el
resorte
de
una
abreacción
inicial
en
la
mayoría
de
los
casos.
La
tolerancia
transferencial
crea
un
clima
distendido
y
cálido
que
favorece
una
progresiva
manifestación
del
fondo
emocional
del
paciente.
Efecto despliegue.
Gracias
a
este
efecto,
las
presiones
afectivas,
angustiosas
u
obsesivas
se
distienden,
la
vida
afectiva
concreta
se
acepta
lúcidamente,
se
distiende
y
se
explaya,
produciendo
desahogo
y aceptación
de
sí
mismo.
Permite
contrastar la
vida
afectiva
profunda
con
el
"principio
de
realidad",
medir
objetivamente
sus
alcances
y
desarticular
las
constelaciones
indebidamente
depresivas
o
maníacamente
mitificadoras
de
objetos.
Facilita
la
abreacción
de
elementos
pulsionales
paralizados
o
incontrolada
y
sustitutivamente
activos.
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