Atendemos ahora la
complementariedad de La transferencia en
la dialysis hologénica que
es una relación
especialmente
sobredeterminada,
en
la
que
el
sujeto
se
ve
en
la
obligación
de
bajar
sus
defensas
y
manifestarse
radicalmente,
tal
cual
él
se
siente
ser.
Como nos recuerda Luis Cencillo en La
práctica de la psicoterapia, La
transferencia
es
ante
todo
un
hecho, cuando nos
encontramos con alguien incluso sin conocerle, ya surge una corriente de
afectos tanto positivos como negativos que nos dispone a la relación de una
forma determinada, por lo que inexplicablemente alguien nos cae bien o mal sin
saber muy bien como ocurre, si esto es así en las relaciones humanas y sociales,
se comprenderá que se acreciente mucho más este entramado inconsciente ante la
expectativa implícita de ser atendido, reparado y curado, por el que tiene el saber y está preparado para ello,
cuando surge el dolor y la desazón, y se enfrenta el individuo ante su no saber
en el dolor o el sufriendo cargado de excitación, desajuste colonizándose en síntomas
corporales, es cuando la distinción de su coeficiente psicosomático debe ser
despejado (Cencillo, L., 1988; Sedano F., y Ortiz, V., 1992:51; Ortiz, V.,
1992:45; Ortiz, V., y Guerra, R., 2007; Arias, T., 2009; Ortiz, V., 2011).
Así desde las primeras entrevistas comienza
ya
a proyectarse
una
serie
de
elementos
inconscientes
arcaicos,
que
constituyen
el
trasfondo
emocional
no
resuelto,
que
inhibe
o
trastorna
la
dinámica
de
las
energías
básicas que se
interconectan con la vida fisiorgánica y, desde
sus
relaciones
con
el
mundo
se complica la vida emocional inconsciente y la idea ajustada en la
aceptación
de
sí
mismo.
Sin
transferencia,
la
terapia
psicoanalítica, dialytica,
humanista o
relacional, resultaría imposible, ya que las tensiones
transferenciales
dotan
a
la
palabra
de
la
fuerza
significante
y conecta
radicalmente con los niveles profundos del psiquismo y en sus diferentes campos significacionales.
La constante que hace posible la transferencia es la proclividad
que
presentan
las
tendencias
libidinales
de
todo
sujeto
-con
necesidades
de
cariño
no
satisfechas-
a
despertar
inevitablemente,
al
entrar
en
comunicación
con
un
nuevo
"objeto",
el
analista, el cual
ocupa el lugar del saber y puede por ello cambiar radicalmente la vida, en la
comunicación profunda y sincera que se desarrolla con el consultante.
(Cencillo, 1970; 1977; 1988; 2001; 2008; Liberman, 1976; Ruesch, 1980; Gabbard,
2002; Coderch, 2010; Ortiz, 2011).
La identificación transferencial
con
el
analista
cumple
para Cencillo una
doble
función:
a) Sustitutivo del objeto libidinal primario.
b) Instancia superyóica tolerante.
El analista ha de frustrar
al
paciente
en
sus
demandas
reales,
obligándole
así
a
regredir
progresivamente,
para retomar referencias que están marginadas
por las emociones y los influjos de los afectos temporales pasados, y que como
en la excavación arqueológica, hay que profundizar delicadamente, para que
aflore suavemente lo que no es accesible a la conciencia en ese momento, y
devendrá a la mente por los distintos recursos a lo largo de la permisividad del inconsciente en el
desarrollo del proceso terapéutico.
Esquema dinámico de la transferencia: El
analista,
transferencialmente
sobredeterminado,
ha
de
focalizar
una
serie
de
fantasmas,
primero
y
de
libido
liberada
después,
para
desempeñar
la
función
de
puente o de recurso de canalización entre
el
inconsciente
del
paciente
caracterizada por
el denominado "principio de realidad" o vida consciente con
todos
sus
objetos
posibles,
que
se
hacen
así
accesibles
a
la
libido
y
a
los
impulsos
del
paciente,
superando
el
miedo
infantil
ante
aquéllos,
al
no
haber
sido
filtrados
adecuada y armónicamente por
una
atmósfera
de
cariño
parental
suficientemente segura, y que cumplan con una función de sostenimiento adecuado (Balint, M. (1982), Bowlby, J. (1983),
Kohut, H. (1977), Winnicott, D.,1971; 1981).
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