Introducción.
Ciertamente el modelo diseñado por el catedrático de
antropología Luis Cencillo avanza claramente el modelo psicodinámico hacia una tecnología de intervención sin
precedentes, que no hemos constatado en sistematicidad y rigor en ningún autor
contemporáneo.
Así este legado toma cuerpo en la fundación Cencillo de Pineda de Madrid, en la que
se imparten cursos de formación con un planteamiento humanista y un máster en
psicoterapia de base antropológica, en colaboración con la universidad de
Salamanca, siguiendo las directrices de su obra abierta a nuevos aportes en la
investigación.
No podemos reflexionar sobre la obra de Luis Cencillo sino
encaramos la base antropológica en la que fundamenta su modelo psicoterapéutico,
proporcionándole unos referentes de especie en su vivir desfondada y desnortada, que múltiples personas ante el regalo de la vida, no aciertan a
vivir, ni pueden integrar armónicamente en creatividad.
El hombre sobre todo en occidente, proyecta hacia fuera todos sus males y, es notorio que no sabe como
vivir más allá de dedicar el esfuerzo de sus objetos persecutorios, a pesar de
ser fácil mirar hacia adentro o al interior de cada cual con calma y apertura,
para poder revivir diferentes emociones, y también tiembla ante la muerte y eso
que surgen constantes experiencias, pistas
de esperanza sostenibles sobre el más allá, en las diferentes constataciones
de las experiencias conspicuas, no sólo de las personas dotadas, sino también
por la cosmovisión recurrente de todas las culturas que coinciden en retomar
fidedignamente la mirada a lo superior.
La cuestión del sentido, al ser interactiva y personal no
puede ser masificada ni por decreto real,
es decir, no todos caen en la cuenta al mismo tiempo del sentido superior de
las cosas porque cada uno tiene su tiempo
y sus intereses, al tener y estar cada uno en una esfera de captación vital
concreta, y no sirve para todos el mismo camino de lo vivido o de las
diferentes religiones, porque para cada caminante hay una opción, un lenguaje y
una cultura, no mirando la del alma propia, que proporciona las señas
inconfundibles en el caminar espiritual, por eso las religiones debieran pasar
a denominarse estudio del alma, y dejar la historia para sus doctos estudiosos.
Sin embargo, siempre nos queda el sentimiento como sistema
de referencia y de permanencia. Igualmente podemos intentar hacer bien sin
mirar a quien, y darnos cuenta de nuestra realidad común en un eterno retorno, en el cambio en el que
está inscrita la vida, la realidad, la muerte y también como no el universo.
A las religiones les pasa lo que al psicoanálisis, que si Freud dixit, y tanto en unas como en
otras no hay mucho que temer, sólo apreciar lo concreto y funcional,
experimentando se aclara bastante el asunto del sentido de la vida porque el no
ver, o aceptar lo obvio y propio es en ocasiones un empeñarse, No obstante es
evidente que estamos bastante acompañados, y a lo largo de las épocas de la
vida nos percatamos de dicho sentido y realidad, pero como niños nos perdemos,
dudamos, nos confundimos, tememos y vuelta a empezar a priorizar la
fenomenología racionalista y la ambivalencia vital.
Consecuentemente, la especie parece enredarse en múltiples
laberintos vitales, conflictos y problemas irresolubles, enzarzados en
intereses, paradojas y malentendidos, que S. Freud fue el primero en
sistematizar, aclarando la sistemática de la actividad inconsciente como
desestabilizador de la endiosada conciencia. (Cencillo, L., 1998; Ortiz, V., y
Guerra, R., 2002; Lahitte, H., y Ortiz, V., 2005; Ortiz,
V., 2009; Ortiz, V. y Guevara, M., 2011).
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