jueves, 28 de febrero de 2013

Psicoterapia Dialytica, Luis Cencillo - Introducción.II.


Introducción II.

El hombre se caracteriza por la ausencia de criterios determinados para su realización, es dialéctico y procesual, practica grados de libertad abierto a las influencias de la vida, en cuanto que se configura en un dinamismo vital de crecimiento, por eso no podemos pretender atajar los desajustes psíquicos y los problemas mentales porque son dinámicos y no se solucionan con intervenciones mecánicas. Si bien, lógicamente el ejercicio mental y su rehabilitación nos implican a todos.
Es compresible admitir entonces el posicionamiento de Luis Cencillo aceptando que “Absolutamente todo flota en una indeterminación y la ambivalencia radicales del desfondamiento humano. Por eso la historia evoluciona y el mundo se va transformando indefinida e imprevisiblemente” (Cencillo, 1978: 596). La base humana, al ser especialmente desfondada, obliga a la especie y a sus ejemplares a existir en un equilibrio inestable en continuo proceso de adaptación y de transformación del medio interno y externo (Sedano F., y Ortiz, V., 1992:51; Ortiz, V., 1992:45; Ortiz, V. (2011:124).
El hombre es autoplástico, en cuanto que se hace en y por su historia. El hacerse consiste en canalizar impulsos vitales y cuando esto no es posible no sirve sólo con analizar energías intentando aclararlas, sino que es necesario conjugar diferentes procesos y situaciones para movilizar la estructura psíquica y conseguir un cambio positivo, que influirá análoga y perentoriamente en la estructura social. Por eso, el cambio debe continuar en uno mismo y en el caso de necesitar ayuda, la que sea adecuada para cada demanda particular.
Precisamente Luis Cencillo denomina a su método Dialysis hologénica que significa, disolución generada por la totalidad de los elementos intervinientes “disolución del mundo conflictivo o de las barreras “a través” de las estructuras de la personalidad “a través” del proceso o “a través” de las sesiones y de la comunicación” (Cencillo, L., 1988:83), cuya disolución será más transformadora, utilizando los componentes integrados de cara a la curación y al ajuste de la personalidad desfondada.
Así es importante ofrecer de partida una atención integrada a todos los componentes que intervienen en el proceso psíquico y a su desajuste involuntario, y que no se caractericen solamente por el análisis de rasgos externos, escenas míticas, o síntomas alarmantes que plantee el individuo habitualmente, de forma inconsciente, para intentar un camino llamativo en el control social.
El autor considera el proceso psicoterapéutico formalizado por un conjunto de factores a considerar, que influyen radicalmente en el sujeto de la cultura, desde su aportación antropológica, con la intención de dar una visión sistemática y de rigor a la psicoterapia y el psicoanálisis:

Factor T: La totalidad de la especie, la interacción social, y la totalidad dialéctica de la persona como unidad dinámica compleja.
Factor A: Los aprendizajes, símbolos y significados, la propia “realidad” individual y los hechos que la conciernen han de ser continuamente reasumidos para que cuaje la auto imagen (racial, cultural, social, y personal) del agente de toda praxis.
Factor S: La especie humana genera y vive a base de símbolos, pero éstos se hallan esencialmente asociados a sus impulsos, sus tendencias, sus deseos, sus fantasías primarias, su emotividad, racionalidad y vida mental.
Factor P: El mundo real humano no consiste en un conjunto de presencias estáticas, sino de procesos evolutivos y productivos de estados, de instrumentos, de bienes, sistemas y mutaciones de lo producido, es decir se halla constituido por la praxis” (Cencillo, 1988:12).

No obstante, si tuviéramos que destacar dos referencias radicales por excelencia en la comunicación humana terapéutica, no podríamos dejar de señalar los dos pilares de la interacción transferencial, que implica al paciente y su resonar en el transfer del terapeuta. Al final la psicoterapia, si es algo, es una cura de amor reglada en el significante, y se encuadra en la productividad de la vida inconsciente, para emerger y canalizar las energías más positivas del hombre de cara a su crecimiento psíquico y existencial.
De crecer se trata, de ajustar, de sanar, ese es el fin de la psicoterapia, una suerte y una oportunidad también educativa, que concita el trauma, la sorpresa de lo inesperado y en ocasiones, el maltrato afectivo, en una experiencia educativa anterior, que la mirada psicoanalítica puede ayudar a sanar.
Que el paciente transfiere es necesario, y que el terapeuta atiende a esa circunstancia desde el afecto es lo que llaman contratransferencia.


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