jueves, 28 de febrero de 2013

Psicoterapia Dialytica, Cencillo - Introducción IV.

Introducción IV


La transferencia en Lacan. En el Seminario 1 "Los escritos técnicos de Freud", Lacan plantea la transferencia como fenómeno imaginario, que sería el "motor" en la cura. En esta dimensión el analizante coloca al analista en el lugar semejante al que dirige una demanda de amor. Dando lugar a decir que el objeto mismo de la transferencia es el objeto de amor. La demanda de amor hace que el objeto coincida con el objeto de la identificación o que haya una satisfacción directa al objeto al cual se dirige (analista). En tanto que demanda de amor, la transferencia reduce la demanda a la identificación (lazo primordial de amor) y al poder de la sugestión, pero en tanto que esta demanda se articula con el deseo del analista (enigmático) -y no con la contratransferencia- resulta posible atravesar el plano de la identificación con el analista.
En la transferencia, es lo afectivo lo que permite colocar a alguien en la posición del sujeto, supuesto saber, en tanto amar es suponer un saber. Pero no es lo mismo ocupar la posición del amado que la posición del amante. El primero, busca la satisfacción y quiere que lo amen de forma incondicional, es la demanda que desde una posición pasiva pretende capturar al otro dentro de en medio de una relación imaginaria; es lo que denomina Lacan el amor-pasión. El amante busca en el amado aquello que le falta y supuestamente el otro tiene, ubicándose en la posición de sujeto deseante. (Ortiz, V., 1992:45; Sedano F., Ortiz, V., 1992:51).
El sujeto supuesto saber: Lacan introduce la fórmula del sujeto supuesto saber en los dos primeros seminarios de l'Identification (1961), que siguen a Le Transfert. La figura del sujeto supuesto saber se habría desarrollado como prejuicio filosófico. Lacan utiliza esta fórmula con «ironía» y para desmarcarse de ella: «Es preciso que aprendamos a prescindir de ella en todo momento», «es una suposición indebida». «El significante, a la inversa del signo, no es lo que representa algo para alguien, es lo que representa precisamente al sujeto para otro significante»
La transferencia no es la sombra de algo vivido antes, ni los antiguos engaños del amor; es aislamiento en lo actual de su funcionamiento puro de engaño. No es tanto un amor verdadero como la verdad del amor. El engaño pone la verdad en el lugar del Otro, y «...detrás del amor de transferencia hay una afirmación del lazo del deseo del analista con el deseo del paciente». Al querer hacerse digno de amor, amable, el sujeto representa al analista en el lugar del Otro como ideal del yo, según un trazo distintivo desde el que el sujeto se posiciona para verse amable. La maniobra de la transferencia debe regularse de una manera que mantenga la distancia entre el punto en que el sujeto se ve amable, y ese otro punto desde el que el sujeto se ve sin verse, causado como falta por (a), que viene a taponar la hiancia constitutiva de la división inaugural del sujeto.
De modo que la paradoja de la transferencia, como resistencia y condición de la interpretación, pone de manifiesto su función nodal, que es suplir mediante una identificación el problema de la ligazón del deseo del sujeto con el deseo del Otro. Lo que se desea no es el Otro sino el deseo del Otro.
El transfer del terapeuta sería el conjunto de las reacciones afectivas conscientes o inconscientes del analista hacia su paciente: históricamente se le ha concedido un lugar importante en la cura. Freud, que en sus obras analiza largamente la noción de transferencia, da igualmente un lugar, aunque de modo mucho más puntual a otro fenómeno, aparentemente simétrico, la «contratransferencia». Sin embargo, este lugar es definido esencialmente por Freud en términos dubitativos. La contratransferencia constituiría lo que, del lado del analista, podría venir a perturbar la cura. En una cura, escribe, «ningún analista va más allá de lo que sus propios complejos y resistencias se lo permiten» (Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico, 1912). Lacan y sus discípulos lo han replanteado. Lacan no niega que el propio analista pueda tener algún sentimiento hacia su paciente y que pueda, interrogándose sobre lo que lo provoca, ubicarse un poco mejor en la cura. Si bien, el problema que plantea la teoría de la contratransferencia es el de la simetría que establece entre analista y paciente, como si los dos estuvieran igualmente comprometidos como personas, como egos, en el desarrollo del psicoanálisis. En este punto, es necesario volver sobre la transferencia misma.
Ciertamente, esta se establece en diversos planos, y no se puede negar que el analizante percibe ocasionalmente la relación con su analista como simétrica, suponiéndole por ejemplo un amor semejante al de él o inclusive viviendo la situación en la dimensión de la competencia o la rivalidad. Si el término contratransferencia no es pertinente, es porque el analista, en el dispositivo de la cura, no es un sujeto. Más bien hace función de objeto, ese objeto fundamentalmente perdido, ese objeto que Lacan llama objeto (a).
La cuestión a partir de allí no es saber lo que experimenta, como sujeto, sino situar lo que, como analista, puede -o debe- desear: cuestión ética, se ve, más que psicológica. Sobre este punto, Lacan indica especialmente que el deseo del analista en tanto tal va en el sentido contrario al de la idealización y revela que la tela que constituye al sujeto es de la índole del objeto a, y no de esa imagen idealizada de mismo en la que podía complacerse.
Otro concepto interesante es la para-transferencia, que incide en las atribuciones del saber terapéutico idealizadas antes de comenzar la relación terapéutica, y La Intertransferencia, es un instrumento de la técnica psicoanalítica inicialmente utilizado por R. Kaes (1976) en psicodrama, y se refiere especialmente a la relación contratransferencial entre coterapeutas de un mismo grupo. De forma más general puede aplicarse a la especial relación que, a nivel inconsciente, se produce entre los terapeutas de la misma escuela, conformando un "arco intertransferencial", que actúa como modelo o troquel de la dinámica de las relaciones y que influye en la técnica.


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