Como sabemos, la respuesta de la transferencia en el
terapeuta ha sido muy discutida en su operatividad y por lo menos hasta Paula
Heimann (1950) no había acuerdo sobre su utilidad terapéutica, y era más bien entendido
como una dificultad añadida. En la actualidad esta posición está superada para
la mayoría de los autores y clínicos, que observan en su práctica cotidiana una
gran ayuda en el resonar del transfer terapéutico.
La contratransferencia del terapeuta para nosotros es un
sistema de evaluación muy adecuado, que ayuda a valorar el tempo de la sesión, el posicionamiento y la dinámica del caso, en
su desarrollo y objetivos finales, resultando un instrumento efectivo y
determinante, y por otro lado, no sería más que una misma energía que produce
la comunicación entre el paciente que asocia y el terapeuta que escuchando
asocia, y trata de comprender lo que engloba la queja y el dolor del paciente.
Ese resonar en el terapeuta es la
consecuencia de la transferencia inicial del paciente ante la atribución
implícita de ser curado. Curar sería
cambiar el sufrimiento por comprensión, el síntoma por la armonía. En
la
técnica
de
tratamiento
psicoanalítico
la
relación
entre
el
psicoanalista
y
el
analizado,
por
las
particularidades
del
encuadre
analítico,
la
transferencia
y
el
análisis
de
la
forma
específica
en
que
se
presenta,
ocupa,
entonces,
un
lugar
central
para
la
cura.
Así nos planteamos el
fenómeno de la comunicación contratransferencial como un recurso terapéutico de
primer orden, atendiendo la escucha del interlocutor dolorido que precisa aclarar el sentido del sufrimiento, de la vida y del silencio. Podemos usar en este
trabajo el concepto de contra-transferencia, aunque preferimos hablar de igual
modo, del efecto resonador del transfer,
tanto en el paciente como en el terapeuta, sobre todo, porque no entendemos que
tenga que ser contra, y dudosamente
contra-transferencia, sino una respuesta a la transferencia emocional y
afectiva, que nos dicta la comunicación profunda y heterogénea de la persona, desde
la distancia del sentimiento al momento de la intervención.
Ciertamente fue Freud el primero en señalar este vínculo
transferencial-contratransferencial y recortarlo
en dudas, pero nuestro autor lo sistematiza desde una óptica de funciones y
efectos, que avanza y específica el desarrollo de la psicoterapia como detallaremos
más adelante.
Sin embargo, la transferencia
es
un
concepto
básico de la comunicación humana y del psicoanálisis, que
designa
distintos aspectos
relacionados
entre sí pero
diferenciables:
A) La función psíquica mediante la cual un sujeto transfiere inconscientemente y revive,
en
sus
vínculos
nuevos;
sus
antiguos
sentimientos,
afectos,
expectativas
o
deseos
infantiles
reprimidos.
B) Específicamente, la herramienta
fundamental
con
la
que
cuenta
el
analista
es condición
necesaria
para
poder
conducir
el
tratamiento
(Freud,
S.,
1915).
C) La neurosis de transferencia, descrita
por
Freud
como
momento
princeps
del
tratamiento,
en
la
que
todos
los
elementos
de
la
neurosis
son
actuados
en
presencia
del
analista.
Freud
señala
que
este
fenómeno
ocurre
de
manera
completamente
espontánea
en
las
relaciones
entre
seres
humanos,
pero
cobran
una
relevancia
especial
en
la
relación
terapéutica,
convirtiéndose
en
su
instrumento
principal
para
el
cambio
psíquico
del
analizante.
Freud registró que sólo mediante la experiencia transferencial, en la actualidad
del
tratamiento,
pueden
ser
vencidas
las
resistencias
psíquicas
del
analizante,
de
manera
de
lograr
que
aquello
reprimido
o
inconsciente,
sea
aceptado
por
el
paciente,
produciendo
un
cambio
permanente
en
ese
punto
y
en su
trama.
Así podemos entender por transferencia una definición
aceptada y compartida por todos:
“Proceso
en
virtud
del
cual
los
deseos
inconscientes
se
actualizan
sobre
ciertos
objetos,
dentro
de
un
determinado
tipo
de
relación
establecida
con
ellos
y,
de
un
modo
especial,
dentro
de
la
relación
analítica.
Se
trata
de
una
repetición
de
prototipos
infantiles,
vivida
con
un
marcado
sentimiento
de
actualidad. Casi
siempre,
lo
que
los
psicoanalistas
denominan
transferencia,
sin
otro
calificativo,
es
la
transferencia
en
la
cura.
La
transferencia
se
reconoce
clásicamente
como
el
terreno
en
el
que
se
desarrolla
la
problemática
de
una
cura
psicoanalítica,
caracterizándose
ésta
por
la
instauración,
modalidades,
interpretación
y
resolución
de
la
transferencia.”
Laplanche
&
Pontalis (1971).
De igual modo los
tipos de transferencia son
aceptados en
la transferencia positiva,
que
son
los
sentimientos
amistosos
y
afectuosos
hacia
el
terapeuta.
Freud
señaló
una
diferencia
entre
una
transferencia
positiva
débil,
aquella
que
permite
el
avance
del
tratamiento;
y
otra
"hiperintensa"
o
transferencia
erotizada,
que
en
los
hechos,
se
comporta
como
negativa,
ya
que
es
sinónimo
de
resistencia,
en
cuanto
se
detienen
las
asociaciones
del
analizante.
Transferencia negativa,
caracterizada
por
la
expresión
de
sentimientos
hostiles
y
de
enojo, en esto
coincide todo el paradigma dinámico desde Freud, Jung, Adler, Lacan y Klein, a múltiples
autores contemporáneos (Heimann, 1950; Lepp, 1966; Rapaport, 1967; Racker, 1976;
Grennson, 1980; Cencillo, 1988; Tizón, 1988; Grinberg, 1989; Gabbard, 2002;
Coderch, 2010)… Lacan señaló que convenía una transferencia negativa
suave
para
el
mejor
fluir
del
tratamiento.
Así podemos señalar brevemente como lo entiende el francés.
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