jueves, 28 de febrero de 2013

Psicoterapia Dialytica, Cencillo - Introducción III

Introducción III.

Como sabemos, la respuesta de la transferencia en el terapeuta ha sido muy discutida en su operatividad y por lo menos hasta Paula Heimann (1950) no había acuerdo sobre su utilidad terapéutica, y era más bien entendido como una dificultad añadida. En la actualidad esta posición está superada para la mayoría de los autores y clínicos, que observan en su práctica cotidiana una gran ayuda en el resonar del transfer terapéutico.
La contratransferencia del terapeuta para nosotros es un sistema de evaluación muy adecuado, que ayuda a valorar el tempo de la sesión, el posicionamiento y la dinámica del caso, en su desarrollo y objetivos finales, resultando un instrumento efectivo y determinante, y por otro lado, no sería más que una misma energía que produce la comunicación entre el paciente que asocia y el terapeuta que escuchando asocia, y trata de comprender lo que engloba la queja y el dolor del paciente. Ese resonar en el terapeuta es la consecuencia de la transferencia inicial del paciente ante la atribución implícita de ser curado. Curar sería cambiar el sufrimiento por comprensión, el síntoma por la armonía. En la técnica de tratamiento psicoanalítico la relación entre el psicoanalista y el analizado, por las particularidades del encuadre analítico, la transferencia y el análisis de la forma específica en que se presenta, ocupa, entonces, un lugar central para la cura. Así nos planteamos el fenómeno de la comunicación contratransferencial como un recurso terapéutico de primer orden, atendiendo la escucha del interlocutor dolorido que precisa aclarar el sentido del sufrimiento, de la vida y del silencio. Podemos usar en este trabajo el concepto de contra-transferencia, aunque preferimos hablar de igual modo, del efecto resonador del transfer, tanto en el paciente como en el terapeuta, sobre todo, porque no entendemos que tenga que ser contra, y dudosamente contra-transferencia, sino una respuesta a la transferencia emocional y afectiva, que nos dicta la comunicación profunda y heterogénea de la persona, desde la distancia del sentimiento al momento de la intervención.
Ciertamente fue Freud el primero en señalar este vínculo transferencial-contratransferencial y recortarlo en dudas, pero nuestro autor lo sistematiza desde una óptica de funciones y efectos, que avanza y específica el desarrollo de la psicoterapia como detallaremos más adelante.
Sin embargo, la transferencia es un concepto básico de la comunicación humana y del psicoanálisis, que designa distintos aspectos relacionados entre sí pero diferenciables:

A) La función psíquica mediante la cual un sujeto transfiere inconscientemente y revive, en sus vínculos nuevos; sus antiguos sentimientos, afectos, expectativas o deseos infantiles reprimidos.
B) Específicamente, la herramienta fundamental con la que cuenta el analista es condición necesaria para poder conducir el tratamiento (Freud, S., 1915).
C) La neurosis de transferencia, descrita por Freud como momento princeps del tratamiento, en la que todos los elementos de la neurosis son actuados en presencia del analista. Freud señala que este fenómeno ocurre de manera completamente espontánea en las relaciones entre seres humanos, pero cobran una relevancia especial en la relación terapéutica, convirtiéndose en su instrumento principal para el cambio psíquico del analizante.
Freud registró que sólo mediante la experiencia transferencial, en la actualidad del tratamiento, pueden ser vencidas las resistencias psíquicas del analizante, de manera de lograr que aquello reprimido o inconsciente, sea aceptado por el paciente, produciendo un cambio permanente en ese punto y en su trama.
Así podemos entender por transferencia una definición aceptada y compartida por todos:

Proceso en virtud del cual los deseos inconscientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial, dentro de la relación analítica. Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad. Casi siempre, lo que los psicoanalistas denominan transferencia, sin otro calificativo, es la transferencia en la cura. La transferencia se reconoce clásicamente como el terreno en el que se desarrolla la problemática de una cura psicoanalítica, caracterizándose ésta por la instauración, modalidades, interpretación y resolución de la transferencia. Laplanche & Pontalis (1971).
De igual modo los tipos de transferencia son aceptados en la transferencia positiva, que son los sentimientos amistosos y afectuosos hacia el terapeuta. Freud señaló una diferencia entre una transferencia positiva débil, aquella que permite el avance del tratamiento; y otra "hiperintensa" o transferencia erotizada, que en los hechos, se comporta como negativa, ya que es sinónimo de resistencia, en cuanto se detienen las asociaciones del analizante. Transferencia negativa, caracterizada por la expresión de sentimientos hostiles y de enojo, en esto coincide todo el paradigma dinámico desde Freud, Jung, Adler, Lacan y Klein, a múltiples autores contemporáneos (Heimann, 1950; Lepp, 1966; Rapaport, 1967; Racker, 1976; Grennson, 1980; Cencillo, 1988; Tizón, 1988; Grinberg, 1989; Gabbard, 2002; Coderch, 2010)… Lacan señaló que convenía una transferencia negativa suave para el mejor fluir del tratamiento. Así podemos señalar brevemente como lo entiende el francés.


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